Espejos de agua, espejos de re-existencia
- Paris Olalde
- 14 jul
- 8 min de lectura
Actualizado: 15 jul
Reflexiones derivadas del intercambio de experiencias entre los humedales El Tunjo en Colombia y Xochimilco-Tláhuac en México (proyecto "Espejos de Agua").
Intercambio de experiencias entre defensores de los humedales en re-existencia (México 2026 y Colombia 2024)
Transformando grietas en raíces de re-existencia
Entre cuencas y humedales nos reflejamos, nos hemos encontrado, fuimos y venimos, de México a Colombia y de regreso. Hemos encontrado una metodología del despojo; nos acechan los mismos males: el modelo de ciudad, construcciones de puentes, aguas contaminadas, canchas de fútbol que invaden nuestros territorios; acechan nuestras memorias, hacen grietas. ¿Quiénes recordarán en unos años que en las chinampas había maíz, si las y los abuelos han muerto, los hijos se fueron y los nietos vendieron? ¿Quién recordará al teocintle ante el bastón de San Francisco que invade los cerros? ¿Quién seguirá comiendo maíz cuando ha sido sustituido por trigo? ¿Quién se apoyará en el floripondio para encontrar la memoria de las sensaciones, del viento y los saberes? ¿Quién podrá cultivar maíz nativo si en la gran mayoría hay ADN transgénico? Pero hay esperanza, hay convicción, rellenamos esas grietas con agua, para hacer espejos, para que crezcan raíces, que vuelvan a tejer nuestro territorio, que hagan puentes que unan y que ya no dividan.
Encontramos grietas
En nuestros territorios han surgido fisuras, reconocemos grietas. La cuenca de México, la Anáhuac se convirtió en ciudad, el pavimento cubre los lagos ahora casi secos, Bogotá también era un lago con 20 o 30 metros de profundidad; ambas cuencas eran endorreicas y ahora también coinciden en la cantidad de habitantes (dijo el profe Luis).
En la Ciudad de México, bajo el pavimento, la arcilla se esconde y no vemos su riqueza, pero en Xochimilco y Tláhuac es diferente, la arcilla está en sus canales, en la urbe no hacemos chapín (técnica ancestral de siembra que consiste en sacar lodo del fondo de los canales para germinar en él las semillas que se cultivarán), nos quejamos porque los edificios se hunden, se han hundido 12 metros en el último siglo por la extracción de agua del subsuelo, pero seguimos haciendo pozos de entre 100 y 300 metros que drenan el subsuelo.
En Xochimilco y San Gregorio pasa igual, se están hundiendo de 20 a 40 cm por año, hay grietas entre ellas, pero no son las únicas, también hay fisuras entre las personas, entre ellas y la naturaleza, entre la ciencia y la espiritualidad. Vemos las grietas y las rellenamos con agua, pero no con agua tratada como se hace en Xochimilco desde 1957, lo queremos hacer con agua espiritual para hacer espejos, espejos de agua donde puedan surgir raíces, donde se puedan hacer puentes que unan y no que dividan.
En tiempos prehispánicos se cubrían 9,000 ha como zonas de cultivo; 3,000 ha eran cuerpos de agua y canales que permitían alimentar a cerca de 100,000 personas (Armillas, 1971), pero ahora somos casi 10 millones en la ciudad; Xochimilco se ha convertido en un Área Natural Protegida y patrimonio Mundial de la Humanidad, es Sitio RAMSAR y SIPAM, pero parece más un centro turístico, con trajineras como bares flotantes, más de 400 kayaks que hacen tráfico en los canales y canchas de futbol que cambian el uso de suelo.
En la ciudad, el drenaje profundo es expulsado y llega hasta el mar, no lo vemos después del escusado, se va a contaminar otros territorios, solo el 10% de esa agua es tratada, nos contó la Dra. Marisa. En los canales, nos reflejamos en los nitratos y fosfatos, los metales pesados; los peces, tilapias y carpas han acaparado el agua, esa agua que ya no sube a las chinampas por capilaridad, se necesita más nivel de agua. El canal nacional que antes llevaba alimentos de Xochimilco al mercado de Jamaica ahora desemboca en el drenaje.
A las instituciones no parece importarles, les preocupa el “Mundial de Futbol” o “La ruta del dorado”, vender el ejido en Tláhuac. En el consejo Nacional de Humedales sólo dos votan por quitar el puente de periférico, que dividió en dos a Xochimilco y en el Tunjo quieren construir unas líneas de metro que los dividirán en cuatro. Las instituciones no se vinculan, son consultivas solamente. “Desde que llegué trabajé en las instituciones, pero no he logrado nada con ellas, es frustrante, es con las comunidades que se logra” dijo el profe Luis. Venden todo de ajolote, peluches, gorras, playeras, pero nada de las ganancias se destina a su hábitat, dijo el Dr. Horacio.
El Tunjo, Xochimilco y Tláhuac son espejos de agua, se hacen inversiones y se producen conocimientos académicos, pero no se ven cambios, “desde la academia sacan unas tesis re locas” dijo Zaida, “una vez encontramos una que proponía construir un centro cultural de cinco pisos y hasta consideramos escribirle a la universidad sobre cómo aceptan una tesis que plantea acabar con el humedal. Se crean proyectos turísticos sobre los humedales sin considerar a las comunidades que hoy protegen los humedales, lo cual se concretaba con una propuesta que se llamó “La ruta del dorado”, así como la realización de un puente que también se construyó a pesar de las manifestaciones en contra”.
Son las mismas grietas e instituciones que llevan 150 años estudiando al ajolote, pero no para cuidarlo, sino para sacarle provecho, olvidaron que es la flor de agua A-xolotl, por su nombre en Náhuatl de “Atl” agua y “xochitl” flor. Apenas en el 2000 se empezaron estudios para su conservación. Pero las comunidades sí lo han hecho, fueron los chinamperos: Don Nicho, quien le enseñó a la UNAM cómo empezar, y fue Pedro Mendéz que al iniciar un refugio ofrendó flores y dijo “esto es para la ciencia, pero nosotros queremos que el ajolote siga aquí”.
Rellenar las grietas con agua, hacer espejos…
El agua que siempre es vida y es memoria, “El agua (que) no se vende, se cuida y se defiende”, gritan por ahí, el agua que nos refleja, el agua que llenaba la cuenca, el agua que circulaba por grandes ríos pura y limpia sigue presente, poca, pero ahí está. “No hay que ver el vaso medio lleno, ni medio vacío” dice el mayor, “hay que jugar, disfrutar lo que hay”.
Aunque no olvidamos que extraen nuestra agua y se hunden nuestras chinampas, antiguas técnicas de siembra están en peligro, muy pocas/os las siguen haciendo, allá sembraban con el flujo del rio, acá con chapín, allá las ranas sabaneras, el pez capitán y la guapucha nos decían que el agua estaba bien, pero ya no hablan más, sus voces no se escuchan, acá ya no encontramos ajolotes ni acociles en los canales, pocas ranas cantan, “es la misma vaina” dicen en Colombia, “es el mismo gato, pero revolcado” decimos acá en México.
Entonces nos preguntamos en el reflejo, en el encuentro, en la visita, en el diálogo ¿qué hacer? Demandar ante instituciones internacionales, esto no es local, pasa en todos lados, es una metodología que se reproduce aquí y allá, en Colombia, Egipto, México y Kenia, espejos de agua.
Nos hace falta recordar que somos tejido “Xochimilco es eso, es un entendimiento entre todos los elementos que nos rodean: el aire, el agua, los árboles, la tierra. Es eso, es este entendimiento, en algún momento lo olvidamos, pero esto está vivo aquí y este tejido es la forma en cómo representamos a las chinampas, es un tejido que es un petate (tapete tejido tradicionalmente con fibras de palma, tule u otras plantas) también” nos dijo Felipe.
Aquí, en México, intentamos investigar de otros modos, hicimos biofiltros para limpiar el agua de los canales y poder regar nuestras siembras, buscamos hacer tejido, coser las grietas, llenarlas con agua para hacer espejos, porque en Xochimilco están muy heridos, llegan diferentes esfuerzos desarticulados y se sienten extraídos; en Tláhuac se sienten olvidados, allá no investigan, no hablan de ellos. Esto ha llevado a la reflexión de cómo actuar, desde dónde hacerlo, para qué, el interés por generar un tejido de cuidado y poder resistir en el territorio.
No sólo hay avances, también tropiezos. En Xochimilco hicieron biofiltros para limpiar el agua con plantas, pero en época de lluvias han encontrado más parásitos dentro de los biofiltros que afuera y lo contrario en época de secas, todo es dinámico, parece que es porque las aves defecan en el biofiltro, todo se mueve en este tejido multiespecie, sorteamos infinidad de barreras sociales, culturales, académicas, pero principalmente, de confianza, ya que hay mucha gente que viene a investigar Xochimilco, pero no pasa nada, nada mejora, y lo mismo en otros lados, por la forma de operar de la academia y de la misma ciencia.
Mayor Jhon Fredy: “... porque la lógica de la ciencia es ver al río en una lógica hidráulica y desde lo nativo es verlo desde el sentido hídrico, no la intervención del curso del agua, es traer memoria del territorio del agua, piedras y conchas, hay que hacer unos cantos para llamar al espíritu del agua”.
Hacer espejos de agua, crecerán raíces en el agua
Frente a una metodología del despojo, falta un manual por la re-existencia, ¿qué hacer? Jugar, bailar, hacer fiesta, sembrar agua, cultivar la espiritualidad, lo intangible; la soberanía alimentaria debe estar para las aves, para el rio, para el agua, para las chinampas, que también se alimentan; “donde uno siembra un árbol, un ave regresa a casa” dice el libro de los Muiscas del Tunjo.
Mayor Jhon Fredy: “Nosotros pensamos en la lógica de que la soberanía alimentaria debe estar también para las aves, entonces sembramos alimento para ellas, porque llegan las aves, se comen la cereza y dejan en su popo la semilla, entonces tenemos cultivadores al lado”.
Si buscan conservar, pónganlo en formol, dijo el Dr. Horacio, aquí hacen falta risas y cantos, plantas medicina y juegos de niños, seguimos re-existiendo, en el agua y el humedal, en el chapín, en el río, en Bogotá y México, en el Tunjo y en Xochimilco. Toca llevar a Colombia el panque de elote y los biofiltros, pero primero es fortalecer la espiritualidad, para después labrar la tierra.
Felipe: “Porque la chinampería no es sólo hacer agricultura, es cantar, es hacer poesía, es mirar estrellas, es saber comer, qué nos estamos llevando a la boca, es sabernos mirar, y estoy hablando de esta mirada profunda. La chinampería también es medicina, cuántas plantas medicinales no tenemos aquí ahora mismo, la chinampería es una forma de vivir, y eso, mientras estemos aquí chinampeando entre más compañeros, va a seguir vivo”.
Es como el proyecto de Dalias y Julietas, en Tláhuac, “este proyecto no sólo surge con la intención de tener un sustento económico para la familia, sino de hacer comunidad y siempre compartir” (dijo Julieta). Ellas ya cuentan con 375 variedades de semillas, las tienen por trueque, compra o producción. Los intercambios de semillas los hacen en febrero, para empezar a sembrar.
Volver al origen, con el teocintle, en la memoria de los sabores y las semillas, con ese maíz del proyecto de María, Tlayolcalli, que nos dio a conocer el maíz ajo, el de Celaya, el de milpalta y el Cacahuazintle, mismos que nos hicieron viajar desde la playa a la selva, al pueblo de Bety, a la universidad del Dr. Leonardo, a comer tlacoyos con la Dra. Marisa, hasta cumplir el sueño de Paty por tomar Tascalate.
Ante el proyecto de ciudad que devora todo e ignora las otras formas de vida, donde llegó todo de fuera y el campesino se volvió obrero, traemos una flauta para recordar el viento del páramo, nos reflejamos para fortalecer nuestra organización, es lo que debemos hacer, la ciencia de la mano con nuestros viejos observando, hacer aura-agua-grafías, dejar que el agua nos hable y crezcan raíces en ella.
















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